



Este libro no nació solo de una idea. Nació de una convicción y de un amor que sobrepasa todo tipo de entendimiento…
Pero antes de seguir, necesito decir algo importante: Hasta que nos Enamoremos no fue escrito para suplantar tu Biblia o para que dejes de lado tu estudio habitual de la Palabra. Jamás podría. Reconozco con humildad y convicción que la Biblia es la Palabra de Dios: viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; que penetra hasta partir el alma y el espíritu, es lámpara para nuestros pies y lumbrera a nuestro camino, es vida para todo aquel que cree, y que toda sabiduría, toda enseñanza y toda verdad verdadera nace de esa Palabra. Este libro es simplemente un reflejo pequeño y humano de lo que Dios ya dijo de manera perfecta.
Escribí este libro para decir algo que pocas veces se dice con sinceridad y honestidad: los cristianos no somos perfectos. Tropezamos, caemos, dudamos, muchas veces sentimos cosas que no deberíamos sentir, y hasta amamos de maneras imperfectas. Pero aun así… siempre seguimos confiando en la misericordia y el amor de Dios, el cual jamás nos suelta, porque Él es fiel y verdadero.
Detrás de cada personaje, de cada escena, de cada silencio en esta historia, hay verdades que laten. No como sermones. No como moralejas. Sino como vida. Como la tuya. Como la mía.
A lo largo del libro están escondidos siete mensajes espirituales que no son casuales, ni fueron puestos para decoración. Fueron puestos con intención, inspirados por Dios y tomados de Su Palabra, para quien tenga ojos para verlos:
1. En un mundo donde la promiscuidad, el sexo y la perversión se han hecho moneda corriente, y donde esperar es visto como algo anticuado o ingenuo, la Biblia nos enseña que esperar a la persona correcta no es una limitación: es algo divino y maravilloso. El poder entregarse entero, sin reservas, al hombre o la mujer que será nuestro esposo o nuestra esposa es uno de los regalos más hermosos que un ser humano puede hacerle a otro. Y sobre todo… a Dios.
«Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.» — 1 Corintios 6:18-20
2. En un mundo donde el dolor, la pérdida y la adversidad parecen no tener ningún sentido, y donde muchos concluyen que si Dios existiera no permitiría el sufrimiento, la Biblia nos enseña que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. No porque el dolor sea bueno en sí mismo, sino porque en las manos de Dios hasta lo más roto puede convertirse en el principio de algo extraordinario.
«Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.» — Romanos 8:28




3. En un mundo donde el peso de la culpa lleva a muchos a creer que ya cruzaron un punto sin retorno, que lo que hicieron es demasiado grande para ser perdonado, la Biblia nos enseña que Dios perdona todo pecado, con una sola excepción que el mismo Jesús señaló: la blasfemia contra el Espíritu Santo. Fuera de eso, la gracia no tiene límite. Y para quien genuinamente busca el perdón con un corazón arrepentido, la puerta de Dios siempre está abierta. Esa es una de las verdades más liberadoras que existen.
«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.» — 1 Juan 1:9
«Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente.» — Salmos 103:12
4. En un mundo donde el poder, el dinero y la tecnología nos hacen creer que somos capaces de controlarlo todo, que con suficiente inteligencia o recursos nada puede salirse de nuestras manos, la Biblia nos enseña que el verdadero control solo lo tiene Dios. Y lejos de ser una amenaza, eso es la mayor fuente de paz que un ser humano puede encontrar.
«Muchos son los planes en el corazón del hombre, pero son los propósitos del Señor los que prevalecen.» — Proverbios 19:21
«Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.» — Salmos 46:10
5. En un mundo donde la muerte parece tener la última palabra, donde perder a alguien amado se siente como un final sin respuesta, la Biblia nos enseña que el amor sobrepasa la muerte misma. Jesús no es solo la mayor muestra de ese amor: es la prueba de que la muerte fue vencida por Él en la cruz del Calvario. Y que los que mueren en Él simplemente se nos adelantan, y algún día nos encontraremos con ellos nuevamente en Cristo.
«Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás.» — Juan 11:25-26
«¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» — 1 Corintios 15:55
6. En un mundo donde todo parece caos, accidente o simple mala suerte, donde las personas sienten que su vida no tiene dirección ni propósito, la Biblia nos enseña que cada momento, cada encuentro y cada circunstancia forman parte de un plan perfectamente ideado por Dios para nuestra redención. No somos producto del azar. Estamos en su escuela de vida, y Él es el mejor maestro que existe.
«”Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.”» — Jeremías 29:11
«Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación; todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.» — Salmos 139:16
7. En un mundo que busca el amor en mil lugares equivocados —en el éxito, en el placer, en la aprobación de los demás— y que termina vacío una y otra vez, la Biblia nos enseña que Dios es el verdadero amor para este mundo. Todo amor humano genuino no es más que un reflejo de Él. Y cuando lo encontramos a Él, todo lo demás finalmente tiene sentido.


El amor humano que encontrarás en estas páginas no es el destino. Es el camino. Porque todo amor verdadero, tarde o temprano, apunta hacia algo —hacia Alguien— más grande que él mismo.
Si al leer algo te mueve por dentro, no lo ignores. Eso también es parte del mensaje…
Declaro con convicción que Jesucristo es el Señor. Que Su Palabra es verdad de principio a fin. Que Su amor es el único que llena por completo. Y que todo lo que hay en este libro —cada historia, cada personaje, cada mensaje escondido— existe para apuntar hacia Él.




