JOSÉ GOTTLIEB
Jose Gottieb — 42 años
No es el más ruidoso de la sala. Nunca lo fue. Pero preguntale a Gabriel quién estuvo en los peores momentos — y el nombre que va a decir es el mismo siempre.
José Gottlieb tiene cuarenta y dos años, es el jefe de personal de toda DMT, y tiene la rara habilidad de hacer que su presencia se sienta sin que tenga que hacer nada especial para lograrlo. No compite. No necesita destacar. Hay algo en él que es sólido de una manera que hoy cuesta encontrar — como esas personas que no dicen mucho, pero cuando hablan, uno se queda escuchando.
Es el mejor amigo de Gabriel. Desde los quince años — cuando ninguno de los dos tenía nada resuelto y el mundo todavía era demasiado grande. Esa clase de amistad no se explica, se reconoce. José entró. Se quedó. Y nunca usó ese lugar para nada que no fuera estar.
Es cristiano — pero no de los que lo anuncian. De perfil bajo, de los que viven lo que creen sin necesidad de que nadie se los reconozca. Su fe no es un discurso. Es una forma de moverse por el mundo. De tomar decisiones. De quedarse cuando otros se van. Tiene un sueño que no le cuenta a cualquiera: ser pastor. Servir a Dios no desde un costado — sino desde adelante, guiando a otros. Y los que lo conocen de verdad saben que no sería un sueño, sería una vocación cumplida.
Está enamorado de Sofy. Profunda, tranquilamente enamorado — con esa clase de amor que no tiene apuro porque sabe lo que vale lo que tiene. No es un amor que grita. Es de los que construyen.
Hay algo que José conoce de Gabriel que casi nadie sabe. Una parte de él que Gabriel nunca mostró — y que José guardó en silencio durante años, sin sacar ventaja, sin usarlo. Porque así es José. Lo que se le confía, se queda.
No va a ser el personaje que uno espera. Pero es el que la historia necesita. El que Gabriel necesita. Y a veces, eso es exactamente lo más importante que alguien puede ser.
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