SOFY LANZA
Sofy Lanza — 25 años
Sofy Lanza aprendió muy temprano que la vida no pide permiso. A los quince años, un accidente le quitó a sus padres de un día para el otro. Y el mundo, que ya era difícil, se volvió de golpe demasiado grande para cargarlo sola.
Pero Nova estaba. Y con Nova, estaban Jonathan y Martha.
Desde ese día, la granja de Icho Cruz dejó de ser solo el hogar de los Wexler para ser también el suyo. A Jonathan lo llama Abba. A Martha, Imma. No porque alguien se lo haya pedido — sino porque así lo sintió, y Sofy no es de las que disimulan lo que sienten. Creció ahí, junto a Nova, escuchando las mismas historias del Evangelio, sentada a la misma mesa donde la fe era tan natural como el desayuno. Lo recibió todo. Lo entendió todo. Pero nunca terminó de creerlo del todo. No por rebeldía — sino porque algo en ella todavía no estaba listo. Ese momento llegaría. Y llegaría de la mano de alguien que tampoco creyó durante mucho tiempo.
Son hermanas sin serlo de sangre. Y a veces eso es lo más parecido a serlo de verdad.
Tiene veinticinco años, cabello rubio largo y rizado — de esos rulos que hacen lo que quieren y le quedan bien igual. Ojos color miel con algo de verde. Una sonrisa que desarma antes de que abra la boca. Usa un collar con una cruz dorada que no se saca. Pequeña, discreta — pero ahí está, siempre.
Se recibió de desarrolladora web e inmediatamente comenzo a trabajar en DMT. Se mudó a Buenos Aires un año antes que Nova, y entró a DMT como desarrolladora web. Decidida, inteligente, desenvuelta — de las que no esperan que les abran la puerta sino que la abren ellas y después preguntan si alguien más quiere pasar.
Es el puente entre dos mundos que parecen no tener nada en común: conoce a Nova desde adentro, desde siempre, desde lo más profundo. Y al mismo tiempo habita el universo de Gabriel — sus códigos, su empresa, su lógica. Eso la convierte en alguien que ve la historia completa cuando los demás solo ven una parte.
Ha amado antes. Con intensidad, con entrega — y con la honestidad de quien no sabe hacer las cosas a medias. Pero lo que siente por José es diferente. Más tranquilo. Más profundo. De los que no se parecen a nada anterior.
Hay un momento en esta historia en que Sofy pronuncia ocho palabras. Solo ocho. Y cambian todo.
Eso es Sofy Lanza — la que siempre supo más de lo que decía, y eligió el momento exacto para decirlo.
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